domingo, diciembre 10, 2006

Recuerdos
Recuerdo esa tarde de Julio en la que estabamos en el parque, y entendí tus disimuladas señas... y entre las campanas de los heladeros, los juegos y las risas de los niños, las bromas de los payasos y el olor a algodón de azúcar nos subimos al techo del módulo (con la adrenalina a mil por ciento) y todos los olores y sonidos del parque se fundieron con los nuestros por 5 minutos bajo el sol de un Julio sin refugio. Recuerdo la cara del vigilante (que casi nos pilla) al verme bajar del techo y preguntarme: "¿Qué hacía usted allí?" y la que puso cuando te vio bajar...
Recuerdo también cuando estuvimos en la piscina de aquél lujoso hotel, con toda esa gente a nuestro alrededor... y que nadie se daba cuenta (sentía que iba a explotar de tanta adrenalina)... Bueno, no nadie porque la mocosa que estaba con sus amigas las invitó a meterse al agua diciendoles que estaba tan buena que hasta los espermatozoides estaban nadando...
Recuerdo también como lo hicimos en las escaleras de tu edificio, con ese olor a desinfectante y creolina que no mermaba las ganas y que era propio de las escaleras y el bajante... Recuerdo la falda roja que usabas ese día y la camisa blanca que se te ajustaba tanto a los pechos... la adrenalina una vez más apoderandose de mí y esa necesidad imperiosa de tenerte, de no ser (o de ser) descubierto, de meterme en un pedazo de tu alma... Recuerdo entonces tu cara cuando nos encontró tu marido, y la foto que ví al día siguiente en tu obituario...