domingo, diciembre 10, 2006

La maleta

Nos gustaba escabullirnos al club los fines de semana, y como a veces éramos más de los que nos permitía el cupo, alguien iba en la maleta del carro para pasar desapercibido y no tener que pagar el dinero de otra entrada.

La maleta, era como cualquier otra maleta de carro: descuidada, sucia, llena de herramientas, tornillos, grasa, el caucho de repuesto, etc… un espacio reducido, desagradable y maloliente lleno de polvo y porquería en el que uno estaba confinado hasta estar seguro de que los vigilantes no te veían y podías salir. Recuerdo haber estado con Carolina en la maleta… y entre llaves de tuerca, el gato y el refrigerante, besarnos todo el trayecto hasta llegar al club, todos sucios por el polvo de la maleta.

Un día, decidimos ir todos al club y le tocaba a Alfredo ir en la maleta. Habíamos tomado la noche anterior, así que era lo mejor para quitarnos el ratón. Hacía calor, y nos tomamos unas cervezas por aquello de “evita el ratón, mantente borracho”. En un momento de distracción, Marcos pasó por encima de un bache rápido y el carro saltó, pero como íbamos llegando al club, seguimos adelante.

Algo salió mal… alguien le había dicho a los vigilantes lo que hacíamos y nos obligaron a abrir la maleta. Al abrirla, todos nos quedamos llenos de horror: ¡Alfredo estaba muerto! Una punta que estaba en la maleta se le había clavado en la cabeza cuando el carro saltó. La policía llegó inmediatamente, y nos condenaron por homicidio culposo. Ahora todos estamos en una celda mucho más pequeña, mugrosa y maloliente que la maleta de nuestra juventud y todavía hay cupo para muchos más…