domingo, diciembre 10, 2006

Dream is a brother to Death...

I can feel the deep cut of pain
with every single kiss you give me
I could say that I want to run away,
but I don't...
I run straight towards you...
carelessly forgetting about the agony
I let you embrace me into your cold, tender, sweet arms...
And then, I vanish like smoke in your kisses.
I'm lost. No possible redemption for my damned soul...
If you are Death,
Tear me apart from this world with your merciful scythe
And take me into the small paradise
hidden behind your eyes.
Let me bleed happiness through your cutting kisses
And unleash all the tears reserved for my existence
in one night
Oh, my sinful angel, my sinless demon...
my salvation and oblivion
Make me full of joy... make me naive again...
Dissapear in my dreams...
Fill my heart with happiness and despair,
hope and fear
Grant me tears of life and death...
Laughs of relief and doom...
Cleanse the path for my thoughts
with your heavenly fire
And corrupt my senses
with your hellish harmony...
Complete me, yet, split me...
Picture me and erase me...
Forge me, unmake me...
Accept me as yours and everybody else's...
If you are Dream,
Pour all your mighty sand into my eyes
Until I can wake up no more...
Take me to your world
Along with the other fantasy creatures
Within your vast mountains
And your deep jungle
Let me become part of you
Forever.

Los Santos...
- ¡Dale chola, marico! ¡Acelera, coño! -dijo Bernie mientras batía la puerta del carro y me apuraba para que salieramos de ahí.
La noche apenas había comenzado y teníamos más de medio tanque todavía, pero ni nos imaginabamos que iba a pasar después...
Hola, mi nombre es Cirilo; Cirilo Molina. Soy estudiante universitario, tengo 18 años y voy a ser el futuro empresario de mi país...Sí, claro.
Soy un muchacho bastante normal; de hecho, a veces soy demasiado normal: mido 1,75 (la estatura promedio de la gente normal), soy caucásico, de padres católicos que me pusieron el nombre de Cirilo en honor al santo del día de mi nacimiento por una promesa. No soy ni muy gordo ni muy flaco (lo normal), he hecho cosas como todo el mundo de mi edad (la primera vez que fumé un porro fue a los 16, cuando estaba aun en el colegio; ah, y perdí la virginidad ese mismo día, ¿qué tal?), en fin, todo normal.
Mi mejor amigo se llama Bernardo (lo llamamos "Bernie" de cariño), y tiene la misma edad que yo y es básicamente muy parecido a mi en cuanto a experiencias y todo lo demás (de hecho, la primera vez que fumé fue con él, y los dos le dimos a la misma tipa... sí, al mismo tiempo...), incluso le pusieron nombre de santo a él también para pagar una promesa... (¿por qué los hijos deberían pagar las promesas que sus padres hacen?) lo conozco desde que eramos muy chicos y jugabamos videojuegos y montabamos patineta, etc.
Desde hace algún tiempo, a los dos nos gusta salir a la calle a hacer... "travesuras" (por no decir vandalismo, ya que de verdad suena muy feo). ¿A qué me refiero con travesuras? bueno, hay una larga lista de cosas... por ejemplo, imaginate que vas caminando muy tranquilo en la noche por las mercedes muy arregladito para ir a una discoteca de lo más tranquilo a bailar y a consumir Coca (Cola) con unas jevitas tal; entonces aparecemos Bernie y yo en un carro sin placas (un Volkswagen rojo, para ser más exactos) y ¡splash! ¡estás todo mojado y sucio gracias a nosotros dos!
Si estás una madrugada esperando un taxi en una parada y de repente te pegan una lata de cerveza en el pecho,¡saludanos! ¡somos nosotros!
Si notas que alguien rompió una parada de autobus o se llevó los conos que estaban en una calle o que se llevaron unas señales de tránsito, pues, lo más seguro es que en estos momentos están adornando una de nuestras habitaciones...
Si ves a unos panas cayendole a coñazos a unos lateros o a unos transfor o a unos maricos o a unos choros... coño corre, esos definitivamente no somos nosotros porque hace tiempo que dejamos de hacer eso por una caga que nos echamos en una de esas "travesuras".
Ahora bien, como iba diciendo desde el principio, Bernie y yo estabamos montados en el carro escapando de un tipo que nos perseguía por una mariquera... ¡nada más por que le prendimos fuego al negocio del papá nos quería matar! ¡si eso se lo paga el seguro y fue porque el viejo le había tumbado unos reales a Bernie y ese peo no se iba a quedar así!
Ya ibamos por guarenas cuando me di cuenta de que la parte de atrás del carro (un volkswagen del 78, a mucha honra) estaba echando humo: ¡el carro se nos estaba quemando por un rollo eléctrico! Nos paramos un pelo para ver que era y claro, el tipo que pensamos que habiamos perdido, nos alcanzó...
El carajo era un peazo e' malandro chimbo, parecía sacado de película de principio de los ochentas; de unos treinta años, usaba una camisa con bacterias, unos jeans tubito y zapatos negros tipo mocasín, el detalle final que acompañaba el clásico diente de oro (cliché típico de los malandros desde Pedro Navaja) era su corte de pelo al estilo de "Pedro el escamoso" (por favor, viejo...).
- Ahora sí se jodieron de verda -nos dijo el hijo del viejo- los voy a detonar aquí y ya, par de becerros...
Nos llevó a un monte con el revólver 22 que tenía en la mano, y nos hizo arrodillarnos uno al lado del otro. Bernie trató de razonar con la imitación de malandro que estaba a punto de dejarnos un hueco en el cogote a cada uno (aunque es bien sabido que el hombre con la pistola, al igual que el cliente en los negocios, siempre tiene la razón), pero lo único que recibió fue una patada en un costado y un par de cachazos.
Mientras estaba arrodillado al lado de Bernie, con el cañón en la nuca, me preguntaba cómo habría sido mi vida si yo hubiese actuado diferente... y también me preguntaba si después de que la pistola fuese accionada, mi alma se iría al cielo , al infierno, o simplemente se mezclaría con el humo de la polvora y se fundiría con el anima del arma asesina...
Carlos pidió por su vida, pero yo no; sentía que quizá de algún modo era mejor así, que de todos modos con la vida que llevaba tendría que pasar tarde o temprano. Quería dejar de ser común, quería dejar de ser normal y por eso me metía en tantos rollos... no quería ser salvado ni escuchado ni nada de esa paja patética de la que habla la gente normal, quería ser diferente, quería ser yo... por eso tantas "travesuras".
El pseudo matón ya estaba listo para disparar. Los minutos habían pasado como siglos mientras el hijo de puta nos veía angustiados y las gotas de sudor corrian como los carros que nos perseguían cuando hacíamos una "travesura"... no sé que expresión tenía en el rostro, supongo que era de preocupación o de tragedia por que, ¡hey! ¿qué cara se supone que uno debe poner cuando sabe que va a morir no haciendo algo divertido o de riesgo sino por un piche pedacito de plomo?
¡Bang!... El bichín al fin disparo, yo había cerrado los ojos para no ver nada y sentí como a mi lado un cuerpo se desplomaba haciendo un ruido seco. Pensé en Carlos de inmediato y no quise abrir los ojos para verlo muerto a mi lado porque no quería que fuese la última imagen grabada en mi cerebro, pero me armé de valor y los abrí... ¿cómo? ¡el que estaba muerto a mi lado era el malandro! ¡tenía en la mano el arma con un hueco en la parte de atrás!
Al parecer el muy bruto NUNCA lo había limpiado y las detonaciones, los residuos y hasta el mismo polvo se fueron acumulando, lo que causó que la presión fuera demasiada y el revólver explotara como un cartucho de dinamita o una granada fragmentaria (de hecho, la reacción fue mucho más parecida a la de esta última). Claro, la explosión producida disparó varias esquirlas hacia atrás, y una de ellas fue a dar a la frente de nuestro pobre macaco amigo, quien ni se enteró de su propia muerte sino hasta que se encontró frente a Minos (porque frente a San Pedro ni de vaina)... Esa vez nos salvamos.
Reparamos el carro y nos fuimos. El viejo del malandro chimbo se enteró después en las noticias de lo que había pasado con su hijito querido y estudioso (porque todos los malandros resultan ser muchachos buenos y estudiosos cuando los encuentran muertos), lo que le provocó un accidente cerebro vascular o "ACV" y lo dejo vegetal...
Nosotros seguimos haciendo "travesuras" por ahí, y gracias a dios siempre hemos tenido suerte. Así que si vas por la calle en la noche, y ves un volkswagen rojo del setenta y ocho sin placas, saludanos, quizá no te hagamos nada porque somos unos "santos"...

El pelón de cadena

Alfonso Muñóz era el nuevo candidato del pueblo: Caucásico, de contextura gruesa, 54 años, con una sonrisa realmente impactante: sabía convencer con su carisma aunque era un patán en el fondo. Sabía que abrazar a un niño enfermo y darle la mano a un hombre que vivía entre la basura podía significar la diferencia en las encuestas.

Esa tarde iba a promocionar su campaña con una marcha que terminaría con un meeting en la avenida Victoria. Lo hacía más que nada para distraer al público de su aventura con aquella actriz. Fue el gran pelón de cadena: lo pillaron saliendo de un famoso hotel de Caracas a las tres de la mañana. Movió sus influencias tratando de ocultar el incidente pero no fue suficiente. Fue por eso que sus asesores de campaña le recomendaron que hiciera una marcha/meeting para desviar la atención de su affair.

La marcha había comenzado y la gente se amontonaba para ver al candidato. Las calles estaban apelmazadas de curiosos y partidarios de Alfonso que cantaban con alegría el himno del partido. Todos estaban contentos aún cuando hacía calor y llovía. Había música y bebida por todas partes: era toda una rumba.

Ya se acercaba el meeting, y se respiraba alegría en el aire. Elsa, sin embargo, estaba furiosa y se lo hizo notar a Alfonso:

- ¿Tú crees que la gente es pendeja? ¡Nadie se ha olvidado de lo que hiciste!

- ¡Claro que la gente es pendeja! –le respondió Alfonso- ¿Tú crees que si alguien tuviese dos dedos de frente en este país, estaríamos como estamos? ¡No joda! ¡Si aquí lo que sobran son pendejos! ¿Tú crees que a mí me importa un coño la gente pobre? ¡Yo lo que quiero es agarrar el coroto pa’ llenarme los bolsillos como cualquier tipo inteligente en esta vaina! ¡Esto se lo llevó quien lo trajo!

Así, Alfonso salió a hablar con su mejor sonrisa, pero la gente estaba furiosa: Elsa había llevado un micrófono escondido y todos habían escuchado lo que dijo. Empezaron a destruirlo todo y a apedrear al candidato. Alfonso cayó después de recibir una pedrada en la frente. Lo llevaron al hospital, pero murió al darse cuenta de que el “coroto” se le había escapado de las manos. Y todo esto fue por un simple pelón de cadena…

La maleta

Nos gustaba escabullirnos al club los fines de semana, y como a veces éramos más de los que nos permitía el cupo, alguien iba en la maleta del carro para pasar desapercibido y no tener que pagar el dinero de otra entrada.

La maleta, era como cualquier otra maleta de carro: descuidada, sucia, llena de herramientas, tornillos, grasa, el caucho de repuesto, etc… un espacio reducido, desagradable y maloliente lleno de polvo y porquería en el que uno estaba confinado hasta estar seguro de que los vigilantes no te veían y podías salir. Recuerdo haber estado con Carolina en la maleta… y entre llaves de tuerca, el gato y el refrigerante, besarnos todo el trayecto hasta llegar al club, todos sucios por el polvo de la maleta.

Un día, decidimos ir todos al club y le tocaba a Alfredo ir en la maleta. Habíamos tomado la noche anterior, así que era lo mejor para quitarnos el ratón. Hacía calor, y nos tomamos unas cervezas por aquello de “evita el ratón, mantente borracho”. En un momento de distracción, Marcos pasó por encima de un bache rápido y el carro saltó, pero como íbamos llegando al club, seguimos adelante.

Algo salió mal… alguien le había dicho a los vigilantes lo que hacíamos y nos obligaron a abrir la maleta. Al abrirla, todos nos quedamos llenos de horror: ¡Alfredo estaba muerto! Una punta que estaba en la maleta se le había clavado en la cabeza cuando el carro saltó. La policía llegó inmediatamente, y nos condenaron por homicidio culposo. Ahora todos estamos en una celda mucho más pequeña, mugrosa y maloliente que la maleta de nuestra juventud y todavía hay cupo para muchos más…

Princesa venida a menos…

Laura tenía el cabello negro y liso, bien arreglado y cuidado. Sus ojos eran oscuros, tan oscuros y profundos como pozos. Su sonrisa era cálida y dulce, sus dientes perlados y perfectos deslumbraban a todo el que la conocía y sus labios, los labios que envolvían esa bella sonrisa eran simplemente exquisitos… Su cuerpo era firme y provocativo, daba muestras de que le gustaba ejercitarse y sólo un hombre bien entrenado podría resistir una noche de pasión con ella.

Era de buena familia; sus padres tenían un apellido respetable y vivían holgadamente, nada le hacía falta a Laura. Era bien educada, hablaba varios idiomas y le faltaban sólo tres semestres para recibirse como ingeniero en sistemas.

Un día en una discoteca, Laura conoció a John, quien logró encantarla al instante de sacarla a bailar y conversar un rato. John dijo que era vendedor de zapatos y vivía en un barrio pobre, pero como Laura era muy sencilla, no prestó atención a esto. Ambos estaban fascinados el uno con el otro, y en un arrebato de locura y pasión, se fueron a un hotel y se amaron toda la noche hasta que no pudieron más.

Siguieron saliendo, y disfrutando de esas noches de placer. Pero no duraría mucho, porque a John lo mataron en un tiroteo en su barrio… John era un Jíbaro y había robado dinero de sus jefes para salir con Laura. Al enterarse de esto, la familia de Laura la corrió de la casa para defender el nombre de la familia. Ya no le quedaba nada… Lo que nadie sabía, era que Laura estaba embarazada y desesperada, Laura tuvo que dejar la universidad y prostituirse para poder tener a su hijo.

Ahora no tiene el cuerpo hermoso ni firme, sino fláccido y demacrado. Sus ojos ahora eran vacíos y sus cabellos ahora eran grasientos y descuidados, y donde estaba esa sonrisa, ahora sólo quedaba una mueca donde estaban enterrados los pocos dientes negros que le quedaban entre los labios partidos… Era un despojo, ni la mitad de todo aquello que solía ser. La princesa ahora era menos que un recuerdo.

Quisiera
Quisiera gritar tan fuerte,
que mis palabras no se las lleve el viento;
como el humo del cigarro que me consume,
en las llamas de este infierno.
Quisiera volar por el viento,
y desvanecerme en la niebla...
derretirme en la lluvia, como niño de caramelo
y renacer en el barro, duro como el acero.
Quisiera ver, oir y sentir más de lo que puedo...
quisiera despertar de mi eterno sueño...
quisiera vivir más allá de un momento...
quisiera perderme en el tiempo...
Quisiera ser como la arena en el mar
y no hacer nada
quisiera plantarme en la selva
y no sentir la contaminación que es el hombre
Quisiera congelarme en la nieve
y que pasen más de mil años
comprobar que no existe el tiempo
y dejarme llevar en el baile...
El baile del sueño, el baile de tu risa...
El baile de la desesperación, el baile eterno
El baile de los muertos, el baile de la vida
El baile en el que pierdo el paso en el universo...
Quisiera que pudieras bailar conmigo....

Despertar...
Ya era tarde y me preparaba para dormir, me fumé el característico cigarrillo de las buenas noches e hice todo lo que uno hace antes de dormir. Hacía mucho calor; el aire apenas se podía respirar en la sala y los párpados se me cerraban solos...
Entonces me fui a dormir, y empecé a tener un sueño extraño, más bien una pesadilla.
Soñé que estaba muerto, y escuchaba el llanto de aquellos que estaban a mi alrededor. Soñé que mi alma se separaba de mi cuerpo, y por más que luchaba, no podía de nuevo ser uno solo.
Lo que no entendí fue lo que sucedió despues...
Tal vez era el cielo o el infierno, no lo se. Era un lugar donde no había luz, sólo colores inciertos; el sol era negro, como un hueco... El suelo era blanco como si fuese de cemento y las personas que me rodeaban (porque sí había más gente) eran grises. Traté de hablar con ellos, pero al parecer ninguno podía escucharme...
Entonces empecé a caminar. El viento soplaba con aires azules y rojos... Por donde caminaba veía muy poco verde; había casas anaranjadas también en la distancia, y la gente gris que se veía en sus portales parecía despojos humanos...
Y seguí caminando, hasta que llegué a un puerto. Era todo oscuro, y el mar parecía un espejo. Y por más que trataba de ver más lejos, era tan oscuro que si cerraba los ojos veía más luz; entonces empecé a llorar y desperté...
Me sentía asfixiado, pues era como si estuviese en una caja. Estaba muy oscuro todavía y seguía llorando, asi que traté de calmarme un poco, hasta que dejé de llorar. Tenía mis cigarrillos en el pantalón todavía, tomé uno y lo encendí, pero seguía oscuro.
El aire no circulaba y todavía hacía mucho calor, y sentía como las paredes se cerraban cada vez más. Todavía tenía esa sensación de estar en una caja, pues sólo veía oscuridad aún cuando había prendido el cigarrillo. Sin embargo, como estaba muy cansado y me faltaba el aire, quería seguir durmiendo. Y entonces me dormí otra vez...
Wayka

Mujer
Mujer,
mujer que vives, mujer que sueñas
mujer que despiertas y vives
mujer que ríes y lloras
mujer bonita y fea
Mujer de mis sueños y mis pesadillas
mujer de mi amor y amor de mi mujer
el amor que a ti te he dado de nadie más puede ser
lo que es tuyo, tuyo siempre será
y si no puede serlo, entonces se morirá
mujer que cura mis heridas y luego las vuelves a abrir
mujer de vida y de muerte que cuidas mi sueño
sólo sueño con tu sueño y rio con tu sonrisa
me has hecho ermitaño y nómada a la vez
eunuco y padrote también
mujer, llevame en tus alas una vez más
mujer, hazme vivir y creer
mujer, hazme fuerte y débil
mujer, hazme niño, padre y viejo
mujer, mujer, mujer, mujer
mujer, mienteme con tus labios
dime la verdad con tus ojos
dejame recostarme en tu silencio
arruyame con tus dulces cabellos
matame con tu indiferencia
y reviveme con un guiño
Mujer, deja ya de joder...
Wayka

Yellow Nº5 & White Nº1
Jonás era su nombre, un viejo solitario y amargado, de facciones llenas de marcas del acné y la edad. Vivía en una casa sola y llena de telarañas, de muebles, de fotos, de recuerdos que habría sido mejor olvidar; de rabias y dolores que ni aún el tiempo había podido curar. Ese era Jonás, sereno y agitado como el mar, lleno de fuerza y debilidad...
Habían pasado ya seis meses desde la última vez que había oido hablar de su nieto, Julio. Julio le parecía un muchacho un poco extraño: sus cabellos como los de un puercoespín llenos de tanta gomina que él mismo ni con un kilo de brillantina lo habría podido dejar de ese modo, las argollas en las orejas que le parecían bastante afeminadas, la cara sin una sola marca y las manos de una persona que nunca había trabajado en su vida.
Recordó la conversación que sostuvieron esa vez; él tenía una bolsa de "pepito" (su vicio desde la niñez) en la mano y Julio le dijo: "Coño abuelo, te veo mal con el amarillo nº5" a lo que Jonás respondió, al ver la mancha blanca de polvo que Julio tenía en la naríz: "¿Y qué me puedes decir tú con el blanco nº1?"
Ambos se rieron. Sin embargo, quizá fue por ese detalle que no oyo hablar más de su nieto.
Jonás, a pesar de ser un viejo amargado (de esos que están en las plazas leyendo el periódico y quejándose de la situación del país, de la juventud, de alguna enfermedad propia de la vejez... de todo) quería mucho a su nieto.
¿Qué había pasado con Julio? - se preguntaba Jonás - ¿Será que ya no quiere ver a este viejo?, ¿Será que se olvidó de mí?, ¿O será que la novia no lo deja venir a pasar un rato con su abuelo?
Mientras pensaba esto, masticaba uno a uno los "pepitos" que sacaba nerviosamente de la bolsa. Fue entonces que Ana (la madre de Julio) entró a la casa: Julio había muerto de una sobredosis de cocaína...
Jonás la observó pálido, y se llevó lentamente a la boca el último "pepito" que había en la bolsa. Lo masticó por largo rato y lo tragó. Sintió como esa masa bajaba por su garganta, hasta llegar al estómago; y entonces cayó...
Wayka

Recuerdos
Recuerdo esa tarde de Julio en la que estabamos en el parque, y entendí tus disimuladas señas... y entre las campanas de los heladeros, los juegos y las risas de los niños, las bromas de los payasos y el olor a algodón de azúcar nos subimos al techo del módulo (con la adrenalina a mil por ciento) y todos los olores y sonidos del parque se fundieron con los nuestros por 5 minutos bajo el sol de un Julio sin refugio. Recuerdo la cara del vigilante (que casi nos pilla) al verme bajar del techo y preguntarme: "¿Qué hacía usted allí?" y la que puso cuando te vio bajar...
Recuerdo también cuando estuvimos en la piscina de aquél lujoso hotel, con toda esa gente a nuestro alrededor... y que nadie se daba cuenta (sentía que iba a explotar de tanta adrenalina)... Bueno, no nadie porque la mocosa que estaba con sus amigas las invitó a meterse al agua diciendoles que estaba tan buena que hasta los espermatozoides estaban nadando...
Recuerdo también como lo hicimos en las escaleras de tu edificio, con ese olor a desinfectante y creolina que no mermaba las ganas y que era propio de las escaleras y el bajante... Recuerdo la falda roja que usabas ese día y la camisa blanca que se te ajustaba tanto a los pechos... la adrenalina una vez más apoderandose de mí y esa necesidad imperiosa de tenerte, de no ser (o de ser) descubierto, de meterme en un pedazo de tu alma... Recuerdo entonces tu cara cuando nos encontró tu marido, y la foto que ví al día siguiente en tu obituario...