Wayka
A hero is someone who understands the responsibility that comes with his freedom.- Bob Dylan
sábado, noviembre 17, 2007
martes, junio 12, 2007
| El retiro del príncipe azul El príncipe azul se retiró por que sentía que ya no debía seguir trabajando. Estaba muy decepcionado del mundo de fantasía después de que su "fiel" escudero lo dejo para formar parte de un sindicato. Lo había querido como a un hijo, pero el dinero siempre es un problema, aún en el mundo de fantasía... Vendió su armadura, que ya no era limpia y reluciente ni azul; ahora era sucia y desgastada, y su color era parecido al del orín teñido con sangre. No le dieron mucho, sino lo suficiente para montar una modesta taberna en las afueras de un pueblo. Recordaba sus años de juventud, en los que siempre salía a buscar alguna princesa que defender y a la cual enamorar. Sus brillantes cabellos rubios habían sido reemplazados por una calva llena de verrugas y manchas de llevar tanto sol y de tanto luchar. Donde antes estaban sus poderosos músculos abdominales ahora yacía una barriga semejante a la de un puerco; y la piel de aquellos poderosos y devastadores brazos que más de una vez blandieron una espada guerrera para apoyar la justicia ahora estaba colgando como una bandera blanca en señal de rendición. Ya no podía dormir por las noches, pues temía que los monstruos que había perseguido y aniquilado en el pasado lo cazaran en sus sueños. Temía encontrarse en sus pesadillas con aquella que había sido su princesa y su amor más grande y que ahora se había convertido en su fantasma más terrible y el que más angustias y pesares causaba a su corazón ya derrotado... Había abandonado toda esperanza, toda ilusión de vivir y todo deseo de soñar. Era una cáscara seca, sin vida. El tiempo se le escapaba de las manos, le huía a los minutos y a los segundos que cada vez lo hacían más viejo y débil. El príncipe azul ya no era azul, ni era príncipe: había renunciado a todo... El amor te hace fuerte, pero también puede hacerte el ser más débil. Y según escuché una vez, sólo despúes de perderlo todo es que eres realmente libre de hacer lo que quieres... aunque también puede ser que después de perderlo todo, te vuelvas esclavo de los recuerdos y del dolor. Adiós, príncipe azul; adiós y hasta siempre... |
domingo, diciembre 10, 2006
Dream is a brother to Death...
Pour all your mighty sand into my eyes
El pelón de cadena
Alfonso Muñóz era el nuevo candidato del pueblo: Caucásico, de contextura gruesa, 54 años, con una sonrisa realmente impactante: sabía convencer con su carisma aunque era un patán en el fondo. Sabía que abrazar a un niño enfermo y darle la mano a un hombre que vivía entre la basura podía significar la diferencia en las encuestas.
Esa tarde iba a promocionar su campaña con una marcha que terminaría con un meeting en la avenida Victoria. Lo hacía más que nada para distraer al público de su aventura con aquella actriz. Fue el gran pelón de cadena: lo pillaron saliendo de un famoso hotel de Caracas a las tres de la mañana. Movió sus influencias tratando de ocultar el incidente pero no fue suficiente. Fue por eso que sus asesores de campaña le recomendaron que hiciera una marcha/meeting para desviar la atención de su affair.
La marcha había comenzado y la gente se amontonaba para ver al candidato. Las calles estaban apelmazadas de curiosos y partidarios de Alfonso que cantaban con alegría el himno del partido. Todos estaban contentos aún cuando hacía calor y llovía. Había música y bebida por todas partes: era toda una rumba.
Ya se acercaba el meeting, y se respiraba alegría en el aire. Elsa, sin embargo, estaba furiosa y se lo hizo notar a Alfonso:
- ¿Tú crees que la gente es pendeja? ¡Nadie se ha olvidado de lo que hiciste!
- ¡Claro que la gente es pendeja! –le respondió Alfonso- ¿Tú crees que si alguien tuviese dos dedos de frente en este país, estaríamos como estamos? ¡No joda! ¡Si aquí lo que sobran son pendejos! ¿Tú crees que a mí me importa un coño la gente pobre? ¡Yo lo que quiero es agarrar el coroto pa’ llenarme los bolsillos como cualquier tipo inteligente en esta vaina! ¡Esto se lo llevó quien lo trajo!
Así, Alfonso salió a hablar con su mejor sonrisa, pero la gente estaba furiosa: Elsa había llevado un micrófono escondido y todos habían escuchado lo que dijo. Empezaron a destruirlo todo y a apedrear al candidato. Alfonso cayó después de recibir una pedrada en la frente. Lo llevaron al hospital, pero murió al darse cuenta de que el “coroto” se le había escapado de las manos. Y todo esto fue por un simple pelón de cadena…
La maleta
Nos gustaba escabullirnos al club los fines de semana, y como a veces éramos más de los que nos permitía el cupo, alguien iba en la maleta del carro para pasar desapercibido y no tener que pagar el dinero de otra entrada.
La maleta, era como cualquier otra maleta de carro: descuidada, sucia, llena de herramientas, tornillos, grasa, el caucho de repuesto, etc… un espacio reducido, desagradable y maloliente lleno de polvo y porquería en el que uno estaba confinado hasta estar seguro de que los vigilantes no te veían y podías salir. Recuerdo haber estado con Carolina en la maleta… y entre llaves de tuerca, el gato y el refrigerante, besarnos todo el trayecto hasta llegar al club, todos sucios por el polvo de la maleta.
Un día, decidimos ir todos al club y le tocaba a Alfredo ir en la maleta. Habíamos tomado la noche anterior, así que era lo mejor para quitarnos el ratón. Hacía calor, y nos tomamos unas cervezas por aquello de “evita el ratón, mantente borracho”. En un momento de distracción, Marcos pasó por encima de un bache rápido y el carro saltó, pero como íbamos llegando al club, seguimos adelante.
Algo salió mal… alguien le había dicho a los vigilantes lo que hacíamos y nos obligaron a abrir la maleta. Al abrirla, todos nos quedamos llenos de horror: ¡Alfredo estaba muerto! Una punta que estaba en la maleta se le había clavado en la cabeza cuando el carro saltó. La policía llegó inmediatamente, y nos condenaron por homicidio culposo. Ahora todos estamos en una celda mucho más pequeña, mugrosa y maloliente que la maleta de nuestra juventud y todavía hay cupo para muchos más…
Princesa venida a menos…
Laura tenía el cabello negro y liso, bien arreglado y cuidado. Sus ojos eran oscuros, tan oscuros y profundos como pozos. Su sonrisa era cálida y dulce, sus dientes perlados y perfectos deslumbraban a todo el que la conocía y sus labios, los labios que envolvían esa bella sonrisa eran simplemente exquisitos… Su cuerpo era firme y provocativo, daba muestras de que le gustaba ejercitarse y sólo un hombre bien entrenado podría resistir una noche de pasión con ella.
Era de buena familia; sus padres tenían un apellido respetable y vivían holgadamente, nada le hacía falta a Laura. Era bien educada, hablaba varios idiomas y le faltaban sólo tres semestres para recibirse como ingeniero en sistemas.
Un día en una discoteca, Laura conoció a John, quien logró encantarla al instante de sacarla a bailar y conversar un rato. John dijo que era vendedor de zapatos y vivía en un barrio pobre, pero como Laura era muy sencilla, no prestó atención a esto. Ambos estaban fascinados el uno con el otro, y en un arrebato de locura y pasión, se fueron a un hotel y se amaron toda la noche hasta que no pudieron más.
Siguieron saliendo, y disfrutando de esas noches de placer. Pero no duraría mucho, porque a John lo mataron en un tiroteo en su barrio… John era un Jíbaro y había robado dinero de sus jefes para salir con Laura. Al enterarse de esto, la familia de Laura la corrió de la casa para defender el nombre de la familia. Ya no le quedaba nada… Lo que nadie sabía, era que Laura estaba embarazada y desesperada, Laura tuvo que dejar la universidad y prostituirse para poder tener a su hijo.
Ahora no tiene el cuerpo hermoso ni firme, sino fláccido y demacrado. Sus ojos ahora eran vacíos y sus cabellos ahora eran grasientos y descuidados, y donde estaba esa sonrisa, ahora sólo quedaba una mueca donde estaban enterrados los pocos dientes negros que le quedaban entre los labios partidos… Era un despojo, ni la mitad de todo aquello que solía ser. La princesa ahora era menos que un recuerdo.
Quisiera gritar tan fuerte,